SOBRE PSICOLOGÍA
ESPIRITUAL
Elisabeth Lukas, discípula dilecta de Víctor Frankl
y continuadora de su obra, escribió su libro “Psicología Espiritual” impregnado
de esperanza para quienes, por cualquier circunstancia de la vida, tengan
la inquietud de descubrir el sentido de sus propias vidas.
*
* Elisabeth Lukas se dirige no solamente
a quienes por alguna causa psicofísica, puedan no encontrar sentido a sus
vidas, sino también a quienes, al sufrir una crisis existencial, se enfrentan
a la alternativa de ser arrastrados por un alud a una pendiente que todo lo
destruye a su paso o descubrir que se enfrentan a una puerta que se abre hacia
la espiritualidad encontrando un nuevo valle donde todo reflorece.
* Destaca la importancia de la lectura como
una forma de poner en movimiento “algo en el interior de la mente anquilosada”
proporcionando no sólo enseñanzas útiles, sino también, muchas veces, una
promesa portadora de esperanza.
* Intuye que el “sentido último” de la vida
puede consistir en el progreso hacia el amor, entendido como la aproximación
a los valores imperecederos, caracterizando como principal valor humano al
amor, el amor a sí mismo, hacia la familia, hacia los progenitores, amor a
todos los “tu” con que deba alternar el “yo” en
su vida, expresado a través de la tolerancia y la capacidad de perdonar
y el amor a la naturaleza y a Dios.
Nos dice que al final de la vida no importará
hasta donde se ha llegado, sino cuánto camino se ha recorrido en el progreso
hacia el amor, partiendo de la premisa de que cada individuo tiene un punto de partida diferente.
* Elisabeth Lukas define el concepto de crisis, no como lo hacen los defensores
de la teoría de los opuestos y complementarios, peligro – oportunidad, para
quienes el uno es desviación del otro. Refutando esta teoría, conocida como
la “teoría de los opuestos”, sostiene
que la oportunidad prima sobre el peligro,
en tanto el peligro desconoce la oportunidad.
Quien sepa que un camino es errado no lo
conduce a la meta deseada, sin embargo, quien conoce el camino correcto, sabe
de los caminos errados. El error es una desviación de la certeza, en tanto
lo cierto no es una desviación del error, sino que prima sobre el error.
Quien reconoce la oportunidad también capta
el peligro al que escapa al optar por ella, sin embargo, quien reconoce el peligro no por
ello habrá captado la oportunidad de escapar de él.
* Pese a aceptar que puede ser criticada por
no ser teóloga, se aventura a dar una interpretación moderna de los diez Mandamientos
bíblicos en los siguientes términos:
-I-
Desde la perspectiva de la escuela de Víctor
Frankl, el primer mandamiento afirma que la persona
puede y debe contribuir a mantener en pie el vínculo innato con lo trascendente,
para dar al fenómeno de la fe la oportunidad de consumarse por sí sólo, sin
intervención de la voluntad.
-II-
A los seres humanos les es difícil venerar
lo innominado; parecería que la solución radica en conservar el respeto por
el Ser en todas sus manifestaciones, en la riqueza de los valores, la naturaleza,
los objetos, las plantas, los animales y las personas.
-III-
Al decir de Víctor Frankl,
se puede ver a la conciencia como “el órgano que detecta el sentido único
de una situación de vida única”.
Para que se produzca ese proceso es necesario
dedicarle momentos de contemplación, pausas
para meditar, instantes de quietud y recogimiento.
-IV-
Cuando los hijos adultos “honran” a sus padres,
es decir, no los atacan, no los ignoran, los frecuentan, y si es necesario
los apoyan, les irá bien a los padres, en realidad dice Elisabeth Lukas, cuando los hijos
honran a sus padres, los respetan y aman, les irá bien a los hijos, no a los padres honrados.
Se ha comprobado que las personas con enfermedades
psíquicas deambulan por la vida con un pasmoso bagaje de ira, codicia, reproches
y acusaciones contra sus padres, pues no perdonan a sus padres por los errores
que cometen, como en mayor o menor medida todos los padres lo hacen. En realidad
los culpan por fracasos y omisiones de ellos mismos, pues toda decisión es
propia de cada ser humano independiente del ambiente circundante.
-V-
La destrucción insensata, el vandalismo,
el asesinato, es reflejo de una vida sin sentido, cometiendo un delito que
oprime el corazón más que ninguno otro.
-VI-
Que tu propia satisfacción constituya el
efecto secundario de un acto de amor. Cuanto más nos desvivimos por satisfacer
nuestros gustos, tanto más fácil será que dejemos de experimentarlos.
-VII-
A toda persona le espera una tarea propia,
única y continuada, no cargando sobre sus espaldas lo que no está destinado
a cada uno ni tomando posesión de lo que no le corresponde.
No imponerse cargas que uno no es capaz de
sobrellevar, cargas que están pensadas para otras espaldas ni eludir cometidos
capaces de cumplirlos como ningún otro.
-VIII-
No acrecentar el sufrimiento entre las personas.
Frente a las ofensas corresponde defenderse
sí, pero pacíficamente, dialogar y perdonar para que se detenga el dolor que
los seres humanos se infringen mutuamente.
Esta actitud es testimonio de que el ser
humano es libre; tan libre que está en condiciones de devolver bien por mal.
-IX-
Dice Víctor Frankl:
“Toda persona es libre de formar o no su propia familia, pero quien lo hace
deberá cumplir con la función que da sentido a tal determinación, dándole
prioridad por encima de otras funciones, dotadas así mismo de sentido.”
-X-
No aspirar a “tener”, sino a “ser”.
El ser humano decide emprender su camino
dando prioridad al ser o al tener, lo cual revela la dirección que lleva su
vida, revela quienes seremos, manifiesta a donde llegaremos si a la luz de
las alturas o a dar vueltas y más vueltas encerrados en un valle tenebroso.
En la muerte el ser humano no “tiene”; ya
su vida se ha transformado en lo que “es” su vida.
* Elisabeth Lukas utiliza el relato bíblico de Caín y Abel para señalar
la libertad que cada ser humano tiene para elegir.
Es posible ser y permanecer digno aunque
se provenga de un hogar subvertido.
El grado de libertad concedido a Abel y a
Caín les permitió a uno ser un pacífico pastor de ovejas y al otro ser un
fratricida por propia elección y responsabilidad.
En palabras de Víctor Frankl,
la libertad no es algo que “tengo” y puedo perder; no, “yo soy” la libertad,
dice.
* Elisabeth Lukas refuta y tilda de fantasía a la creencia de que la infancia
deja una impronta definitiva en la persona que la condiciona negativamente.
Para Víctor Frankl
la libertad del individuo se desarrolla a
partir de su contextura espiritual.
La situación psicofísica y la posición social
no es lo decisivo en la posición en que se halla la persona; lo decisivo radica
en la persona espiritual, en las actitudes personales que cada uno adopta
frente a su contexto natural.
Cuando se trata de actitudes, siempre es
posible el cambio de actitud.
Víctor Frankl deja
de lado la pregunta del “por qué”, pues es el elemento detrás del cual se
esconde el determinismo. Por el contrario al preguntarse QUÉ se revela de
inmediato la causa real del sufrimiento, que
se centra en las actitudes que toma la persona frente a las condiciones
internas tanto como a las externas y así se descubre que la causa real radica
en la persona.
Si el QUÉ de las aflicciones humanas se encuentra
con la trascendencia, todos los “POR QUÉ” pierden su poder, nada de lo que
nuestra fantasía pueda crear puede oponerse a la confianza más profunda y
última.
* Para Elisasbeth
Lukas la confianza en el sentido es la puerta hacia la libertad.
Empero no basta que se confíe en el sentido
que lleva a los pequeños pasos en dirección
a la meta deseada; con cada paso que se dé, se deberá producir la renuncia
a las muletillas psíquicas que mitigan las contrariedades del momento, estados
cambiantes del uno mismo, que postergan su acercamiento a la meta deseada.
* Luego,
Elisabeth Lukas interpreta
las estrofas de una canción de Gustav Lohmann que ruega a
Dios:
Que
no sea en vano mi paso por este mundo… es un ruego, dice, para que nos sea dado reconocer el
orden de los valores insertos en lo que somos.
Si logramos reconocerlos en lo más íntimo
de nuestros corazones, podremos dejar pasar lo que no es prioritario y dedicarnos
a lo que es preciso para hacer frente a lo esencial.
Que
no sea un castigo para mi prójimo… no es sólo un ruego para que nos sea dado reconocer el orden de los
valores, sino para tener el coraje de comprometernos con ese orden, tomando
conciencia del riesgo que implica y de nuestras limitaciones.
Que
no esté atado a mi propio yo…rogamos
que nos guíe por el puente que conduce
al mundo, pues sobre el puente entre el yo y lo no individual, nos sentiremos
fuertes para ser fieles a nosotros mismos, a nuestros seres queridos
y a los cometidos asumidos o, en su defecto, tan fuertes que podremos pedir
disculpas y perdonarnos mutuamente.
Que
no esté ausente allí donde me necesitan… todos lo valores necesitan cuidado, tener la conciencia
alerta, sea que se trate de los valores del “yo”, salud, movilidad, conocimiento
etc. o de los valores del “tú”, vínculos, altruismo, sociabilidad, etc.
Que en nuestra rutina no se infiltren falsos
valores, pues lo que se nos hace hábito, llegado el momento, demostrará si
hemos estado espiritualmente presentes o ausentes.
* Elisabeth Lukas señala que hay desviaciones de la vida normal que ponen
en tela de juicio el sentido de la vida, son momentos de inflexión fundamentales,
que nos impulsan a buscar motivos genuinos para seguir viviendo y en caso
de hallarlos, afirmar conscientemente la vida, a pesar de todo.
A saber:
Etapas
particularmente fáciles de la vida en las que no nos falta casi nada,
salvo una meta hacia la cual avanzar. Si todo da lo mismo, si todo tiene el
mismo valor, la moral decrece y se instala el acto sin sentido; el 70 % de
los suicidas ha vivido en condiciones externas favorables.
No obstante siempre existe el llamado a buscar
un sentido en las cosas. Las recetas que hacen que las épocas exitosas y por
desdicha seductoras, ofrezcan respuestas
a la cuestión del sentido, que nos permitan seguir viviendo, son la modestia
y la contención, la iniciativa propia y el amor al prójimo.
Etapas
particularmente difíciles de la vida en las que debemos despedirnos de
una persona amada o de la posibilidad de realizar valores de esencial importancia,
sin los cuales la vida nos parece vacua.
Ante determinadas circunstancias de la vida,
el sentido que se confiere al sufrimiento determina cuál opción se volverá
realidad, si interpretamos que “el mundo se viene abajo”, como un alud en
la pendiente que tolo lo arrastra a su paso, crecerá el peligro que sobrevenga
un colapso psíquico. Si por el contrario, interpretamos el sufrimiento como
una prueba y un cometido, crecerán las fuerzas para superarlo y renacer o
resucitar psíquicamente.
Períodos
conflictivos donde más que en cualquier
otro caso, importa dar la respuesta adecuada.
Lo que hace falta es coraje para vencerse
a sí mismo y, si es preciso, renunciar.
Es preciso tener coraje para salir indemne
de los conflictos y también confianza en lo que nos revela el silencio, la
quietud, pues en el silencio y la quietud captamos con nitidez las sutiles
pulsaciones del corazón que nos señalan el camino de regreso a la vida.
* También
nos habla Elisabeth Lukas de la “falla de la mirada retrospectiva”.
Es abrumadora la bibliografía que avala
la tendencia a culpar a la educación de los padres por los propios defectos
psíquicos generando una “memoria retrospectiva con ira”.
Una serie de teorías psicológicas y sistemáticas
son el suelo nutritivo en que prosperan tales juicios.
En la década del 70 fue descrito, por
primera vez, el fenómeno de la “falla
de la mirada retrospectiva” según la cual los juicios y recuerdos pueden incurrir
en errores constituyendo verdaderas trampas cognitivas.
En el transcurso de la vida aumenta el
conocimiento de los resultados de los acontecimientos vividos anteriormente
y toda nueva información es inmediatamente “recodificada”
por el cerebro humano, cuyo acerbo de conocimiento se “actualiza” o sea se
modifica, entonces la mirada retrospectiva sobre el pasado da un resultado
erróneo y engañoso.
En realidad se trata de un recurso de
primordial importancia, impuesto por nuestra propia naturaleza para nuestro
bienestar atendiendo a una interpretación y juicio más reciente que acumular
en la memoria lo negativo que sucedió hace tiempo.
Víctor Frankl
nunca expuso a ningún individuo al riesgo de arrojar una mirada retrospectiva
sobre su pasado alimentando una fantasía que, como hoy sabemos, es engañosa.
Habitualmente el diálogo terapéutico consiste
en que el individuo arroje una mirada retrospectiva sobre su vida pasada.
Si el recuerdo está distorsionado por “la
falla en la mirada retrospectiva” el conocimiento del terapeuta sobre el individuo,
también será distorsionado.
Víctor
Frankl cambió el punto de mira y, con ello,
el “material de decodificación” haciendo
ver en los graneros del pasado su vida más rica y realizada y lo contrasta
con su dignidad de ser libre y espiritual para que encuentre su yo más valioso.
Esto no sólo ocurre a nivel consciente
y emocional, sino también imperceptiblemente a nivel neuronal, lo cual le
dará un tinte menos sombrío, en contraste a su sentimiento anterior.
Entonces la “mirada retrospectiva con ira”,
es sustituida cognitivamente por una “mirada prospectiva con confianza”.
* Elisabeth Lukas nos habla de los test.
Ha pasado la época en que todo se sometía
a tests. El enigma “persona” no se resuelve en su
totalidad por medio de códigos.
Elisabeth Lukas ofrece una oportunidad para centrar nuestra atención
en una prueba que llama “supertest”.
Se trata de lo siguiente: cuando estamos bajo
una fuerte presión emocional, nos mostramos diferentes de cuando no lo estamos,
entonces somos irreflexivos, descontrolados y desembozados, apareciendo nuestro
“verdadero rostro” sin los maquillajes que impone la cosmética de nuestra
socialización.
En esos momentos queda en evidencia de qué
es capaz y a qué está dispuesto un ser humano y a qué no está dispuesto aun
bajo máxima tensión, dejando al descubierto la ética de su corazón.
Se puede objetar que la fuerte tensión emocional
puede distorsionar lo humano en una persona; en eso, precisamente, consiste
el test, evaluar lo que bajo determinada carga,
los sentimientos pueden hacer con una persona.
* Finalmente Elisabeth
Lukas concluye su libro con palabras de Peter Wust sobre el poder de la
oración.
“Las grandes cosas de la existencia sólo le
son dadas a los seres que saben orar y la mejor manera de aprender a hacerlo
es por medio del sufrimiento.”
Material
aportado por Enrique V. Conde
Integrante del Grupo “Renacer Congreso – Montevideo,
Uruguay”
Nota:
“Psicología Espiritual”
Manantiales de vida plena de sentido
Por Elisabeth
Lukas
Editorial San Pablo I.S.B.N. 950-861-460-9