Sí a la vida a pesar de todo - Paco Bretones
En los capítulos anteriores hubo casos que, de por sí, demostraron que la logoterapia era obvia por cuanto demostraron, por una parte, que era como despertar a algo que ya se llevaba dentro, por otra la vivencia de situaciones límites que, a pesar de todo, se supieron afrontar. Pero esto no es la regla general. En el caso de todos los padres que han perdido hijos y que asisten a los grupos de Renacer, el enfrentar la situación límite es la regla general.
Todos los padres enfrentan la tríada trágica de la cual habla la logoterapia. Está constituida, como ya dijimos anteriormente, por la muerte, el sufrimiento y la culpa. Es importante recalcar lo que acabo de decir. De la triada trágica, todos los padres de Renacer enfrentan, por lo menos, dos aspectos de la misma, la muerte y el sufrimiento. Pero hay también padres, que, además, tienen que enfrentarse con la culpa. Yo no sé si es fácil imaginar lo que significa enfrentarse con tres situaciones límites al mismo tiempo. En los grupos esta realidad es bastante frecuente.
Pretender entender la situación de vida en que cae un padre, una madre que han perdido un hijo, ni siquiera teóricamente es posible. Quien no ha perdido un hijo, nunca podrá entender a un padre, por más amigo que sea de éste. Por qué, porque la muerte es algo muy, pero muy personal. La muerte de un hijo siempre produce una especie de muerte de una parte del padre y de la madre. Añádase a esta especie de muerte en vida, la soledad. Los amigos de siempre y de cada momento, a veces, suelen dar la espalda a quien perdió un hijo. ¿Maldad? ¿Indiferencia? Nada de eso. Nuestra cultura occidental nos ha educado sólo para la vida y ésta vivida de la mejor manera. Pero en la vida también hay fracaso, sufrimiento y, finalmente, también está el hecho ineludible de la muerte. Cuando llegan estos momentos no tenemos vocabulario que nos sirva para expresar lo que podemos llegar a sentir. Muchos optan por el silencio. Es la incapacidad de no saber qué decir.
Sí a la vida, a pesar de todo y bajo cualquier circunstancia. Cuando esta frase no se convierte, simplemente, en un slogan sino que es vivido por la exigencia de los acontecimientos, como es el caso de quien perdió un hijo, y esta exigencia viene respaldada por una visión del hombre, como la que da la logoterapia, no puede quedar duda, de su validez. Dada la situación límite en la cual se vive desde la logoterapia, con la logoterapia y por la logoterapia se hace irrelevante perder el tiempo en defender su obviedad. La logoterapia se convierte en el más poderoso despertador de las fuerzas interiores del hombre. Frankl le ha encontrado un nombre más apropiado. El habla de la fuerza indómita del espíritu.
Es una frase acuñada por la única psicoterapia que capitaliza hasta el mismo sufrimiento yíos no menos difíciles momentos como son las situaciones límites. Frankl, en este sentido, es un modelo. El ha podido decir, como pocos, por su experiencia en cuatro campos de concentración nazi, que la vida merece ser vivida bajo cualquier circunstancia, sin derecho, por parte nuestra, a hacerle ninguna pregunta. El testimonio escrito de este sí incondicional a la vida, lo encontramos en ese librito, que constituye la joya de la logoterapia, El hombre en busca de sentido. Curiosamente el primer título con el que fue publicado este libro en alemán rezaba de otra manera: Sí a la vida a pesar de todo.
Por supuesto, esta frase la pueden pronunciar todos. Incluso hace quedar bien a quien la usa. Parecería que diera una cierta trascendencia al pronunciarla, aun cuando no fuera así y un cierto egoísmo se escondiera bajo una apariencia de una vida trascendente y con sentido. Pero este sí a la vida incondicionalmente, es un sí afirmativo con la fuerza de un imperativo categórico, no porque alguien me lo impone, sino porque se lo elige libre y responsablemente.
Lo más frecuente es pronunciar un “sí” condicional a la vida. Sí a la vida, pero depende. Dependerá de cómo vengan las cosas.
Siempre recordaré lo que me dijo un joven de unos 20 años, después de una de mis primeras conferencias sobre logoterapia en Mar del Plata, allá por el año 83. “Lo que usted acaba de decir sobre ese si incondicional a la vida a pesar de todo, refrendado por la vida de ese doctor -se refería a Frankl- es muy digno de admiración pero no es imitable. Más aún, es antinatural. La logoterapia nunca podrá triunfar en ninguna parte, porque no tiene en cuenta los reclamos de eso que nos constituye, el cuerpo y sus exigencias”. ¿La logoterapia no será un masoquismo con ropaje científico? Tuvimos varias charlas de café sobre el tema. El sí incondicional a la vida se basaba en una tercera dimensión en el ser humano, la dimensión espiritual del hombre. Esa dimensión era inadmisible para él. Era freudiano ortodoxo, por tanto, reduccionista, es decir tenía del hombre una visión bidimensional.
No caben dudas que el psicoanálisis y la logoterapia se pueden complementar en algunos aspectos en el campo clínico. Pero son irreconciliables en lo que respecta a sus filosofías. Cuando nos despedimos quedamos amigos. Pero me dijo algo con mucha honestidad. “Así como andan las cosas en psicología, yo creo que ustedes, todos los que andan en el humanismo van a ganar. El psicoanálisis está muy dividido y va perdiendo terreno. Además, Freud va pasando”. Al hablar así se refería a todas las corrientes psicológicas de corte humanístico.
Con una visión bidimensional del hombre es totalmente imposible entender la logoterapia y, mucho menos, aceptar su visión del hombre. La concepción bidimensional del hombre, no va más allá de la observación biológica y psicológica. Viene, consciente y deliberadamente, negada la espiritualidad en el hombre. Es muy importante tener presente que en logoterapia la palabra espiritualidad no tiene connotación religiosa. Es la dimensión de los fenómenos específicamente humanos, como son la libertad, la responsabilidad y la conciencia, sin dejar de lado el considerar que la religiosidad también es un fenómeno humano.
Por eso, a estos fenómenos se los conoce como los protofenómenos, es decir que no deben su origen a otro fenómeno anterior a ellos. La espiritualidad es lo único que nos diferencia de los animales. Por la dimensión orgánica y psíquica somos la misma cosa.
Si a la vida a pesar de todo cobra todo su realismo cuando uno la oye de labios de cualquier padre que ha perdido un hijo, integre o no un grupo como es Renacer. Aquí no se habla desde las teorías que uno ve en los libros o escucha en conferencias de logoterapia. Se habla desde la propia experiencia de la muerte. ¿Dónde está la paradoja? Decir que sí a la vida sabiendo que algo ha muerto en cada padre que ha perdido un hijo y que esto es irreversible. Este sí incondicional lo va proclamando ese padre, que, en su caminar por las calles de nuestras ciudades, llenas de ruidos, de risas, de todo ese bullicio que son sinónimo de movimiento vital siente que no hay lugar para él y a pesar de todo no puede dejar de sentirse digno de él mismo. Simplemente le tocó a él. Eso es todo. Pero ese todo no es poco. Sobrellevar con dignidad este dolor y sufrimiento convierte a un padre, en un referente de amor a la vida. Desde este amor a la vida se hace posible el si incondicional a la vida. Los que nada les falta. Es muy fácil dar gracias a la vida cuando se nos da todo de acuerdo a nuestras expectativas. “Gracias a la vida que me ha dado tanto”..., etc. Yo he oído esta otra versión: Gracias a la vida que, a pesar de haberme quitado tanto, me ha enseñado a vivir de otra manera.
¿De dónde sale esa dignidad que hace que un padre, camine con la frente alta, aun cuando el sufrimiento haya dejado las marcas en el rostro? Por lo que respecta al grupo, ahí está la explicación. Sí a la vida a pesar de todo si en tu vida aparece un nuevo sentido por el cual seguir viviendo. Un nuevo por qué seguir viviendo, abierto al mundo y a los demás. Un sentido, es decir, una nueva razón que va más allá de todos los sentimientos que unió al hijo partido con sus padres. Un sentido nuevo, porque el que tenía cuando vivía el hijo ahora ya no sirve. Otro sentido. Otra razón de vivir por algo o por alguien. Otra motivación. No importa lo que pase en el mundo de los sentimientos. Yo no tengo los sentimientos. Los sentimientos me tienen a mí atrapado. No nos podemos liberar de ellos. Sentir es también parte del vivir. Sentir fue parte del vivir la experiencia de alguien que pasó por nuestra vida. Hoy ya no está. Partió.
La vida continúa. Eso lo dicen todos, por eso se dice con tanta facilidad, a veces con tanta frivolidad. Para cualquier padre de Renacer esa verdad biológica, histórica, también es cierta. La vida continúa. ¿Cómo continúa? ¿Como antes? Imposible. La vida y los sentimientos andan juntos siempre, sea en el placer sea en el dolor. ¿Ahí termina todo? De labios de muchos padres, cuando vienen por primera vez a Renacer se oyen estas fatídicas palabras. “Cuando murió mi hijo mi vida se fue con él. Mi vida ya no tiene sentido”.
Este mismo padre, si es perseverante en su permanencia en el grupo, con el tiempo irá aprendiendo que es posible empezar a vivir de otra manera. ¿Cómo? ¿Por qué? Porque es posible buscar y encontrar que en el mundo existen tareas que lo están esperando. Que el dilema en que estamos metidos es muy simple. La partida del hijo pone al padre o a la madre ante el dilema de tenerse que preguntar si vale la pena o no vale la pena seguir viviendo. La respuesta afirmativa o negativa sólo se puede dar desde el sentido encontrado, o no encontrado para la vida.
¿Por qué es posible dar gracias a la vida después que nos quitó tanto? ¿Por qué motivos podemos decir si a la vida a pesar de todo? ¿Por qué, incluso, podemos agradecer algo a nuestros hijos partidos? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? Podrían ser infinitos. Solo que esta vez los porqué no son de protesta sino de agradecimiento. “Lloré. Sufrí. La blasfemia afloró en mis labios. Dios no podía existir. El mundo, todo era una porquería. Bendita la hora que pisé Renacer. Gracias, hijo. Si no hubiera sido por ti nunca hubiera aprendido a vivir esperando, pero activamente. Los inmediatismos no valen. Los que viven del ya, del ahora mismo, perdieron la esperanza. No tienen por qué vivir. No esperan nada. Todo terminó. No entendieron que sólo el mañana es clarificador. Sí a la vida a pesar de todo. Todo ello vivido en la esperanza. ¿En la esperanza de qué? De muchas cosas que son el resultado de haber aprendido a tener fe y haber aprendido a esperar. Los que saben esperar no serán confundidos. Sí a la vida, porque en algún momento, nuevos sentidos de vida aparecerán. “El haber sabido esperar me ha ido preparando. .Me ha ido dando una especie de intuición para descubrir nuevos sentidos en situaciones nuevas. Si no hubiera sido por la partida de mi hijo, mi vida sería una vida incolora e insípida”, decía una de las tantas madres.
Sí a la vida, a pesar de todo, porque nuestros hijos al partir nos han dejado un mensaje. “Amen la vida pero la vida con mayúscula Yo quiero ser vuestro termómetro” parece que nos estuvieran diciendo nuestros propios hijos partidos. Me gusta usar la metáfora del termómetro con mis compañeros. ¿Qué más podemos perder cuando perdemos a un hijo? Nada más. Lo más valioso que podía haber ocurrido en nuestra vida ya ocurrió. Es así como la partida del hijo se convierte en un termómetro. Como dice la palabra, el termómetro es un instrumento de medición. ¿Qué es lo que medimos de la vida? Antes de la partida del hijo es posible que no nos diéramos cuenta de la frivolidad y vanalidad en que transcurrían nuestros días. Dábamos la misma importancia a todas las cosas. Nosotros mismos éramos el único referente de todas las cosas que nos ocurrían. Después de la partida del hijo muy pocas cosas adquieren real importancia para nosotros, porque muy pocas cosas constituyen un valor para nosotros. No nos dábamos cuenta qué significaba haber visto pasar por nuestra vida lo que más significado tenía para nosotros. Esto lo hemos podido evaluar después de la partida. Otras cosas tienen aún menos importancia. Y hay cosas que ni siquiera ya vale la pena preocuparse de ellas. ¿Cómo se llama esto? ¿Renuncia? ¿Sacrificio? ¿Desprendimiento? Nada de eso. Esto se llama concientización, libertad interior, responsabilidad de tener que asumir la propia vida como una dura tarea y más ahora, después de la partida del hijo. Ahora es uno de los elementos constitutivos de nuestra libertad interior, porque en esta soledad, si realmente hemos aprendido a decir incondicionalmente sí a la vida a pesar de todo, encontramos en ello también el precio y la recompensa. Se nos dala ocasión y la oportunidad para recordar, es decir, volver al corazón y compartir las cosas que tanto significado tuvieron para nosotros cuando los hijos estaban a nuestro lado.
Sí a la vida a pesar de todo. Porque -al saber esperar y optar por la vida, todo padre que ha perdido un hijo se vuelve un referente de la vida y agente de cambio de mentalidad. La muerte no es todo lo que nos han dicho.
Otra de las grandes paradojas. Desde la muerte aprendemos a conocer mejor la vida. Partiendo, nuestros hijos nos enseñan a vivir y a valorar la vida. La vida grande. La vida con sentido. La vida con trascendencia. ¡Cuánto prejuicio! ¡Cuánto tabú! ¡Cuánto esfuerzo cultural ha empequeñecido nuestra vida por el temor a la muerte! El miedo que más aterra a la mayoría de las personas, como es el miedo a la muerte, es precisamente, el miedo de que nos liberan nuestros hijos al partir. No por el hecho de que habiendo perdido al hijo ya nada nos importa, porque nos hemos vuelto indiferentes a todo. Nada de eso. Entre el nacer y la muerte está esa oportunidad a la que llamamos vida. De golpe se nos hace claro que la vida es una ocasión, una oportunidad. Que las ocasiones pasan, como pasaron nuestros hijos. “Los minutos de cada uno de mis días los quiero llenos. Cuánto me ha enseñado mi hijo. Gracias, Dios mío. Y pensar que maldije a Dios el día que murió mi hijo. Usted me acentuó tres palabras, me decía una madre. Esperar, confiar y buscar un sentido nuevo para mi vida, a partir de la muerte de mi hijo. Todo esto me ha sido fácil aprenderlo gracias a mi hijo”.
Sí a la vida a pesar de todo. Por este sí incondicional, como acabo de decir, Renacer nos convierte en agentes de cambio y referentes de amor por la vida. Resulta altamente curioso. Cuando se pierde un hijo, mucha gente espera ver a la madre, al padre, abatidos. Si de la madre se trata, la tienen que ver sin preocuparse mucho de su físico como mujer. Alicia, está haciendo cola en una panadería, se siente objeto de varias miradas por parte de otras mujeres. Al fin no aguanta más y saluda a una de esas mujeres que la están mirando y comentando con otras: “¿Cómo le va?”. Bien, contesta la otra. Silencio... “Señora, ¿no fue usted la que perdió un hijo hace un tiempito?”. “Sí, ¿por qué?” “No, nada, como se la ve tan bien”. Alicia se había arreglado como normalmente lo hacía antes de la partida de su hijo. Se había pintado y arreglado como hacía antes. Nadie sabía que Alicia le había prometido a su hijo que seguiría amando la vida y lo demostraría. Había prometido a su hijo no abatirse y hacer su vida útil para cuidar a sus nietos, con amor y alegría.
Conversaciones como las que siguen son frecuentes.
NN, ...realmente los admiro. Han perdido lo más valioso en la vida como es un hijo, y siguen como si nada.
Padre: No, no diga como si nada. Sentimos hondamente el dolor, pero hay que seguir viviendo, porque la vida es un deber que hay que cumplir. Estamos convencidos que algo hay que seguir haciendo.
N.N. eso es admirable. Qué pronto se han repuesto.
Padre: Nunca queremos aprender a morir pero hay que aprender a vivir cuando se pierde un hijo. Eso es todo. Y aprender a vivir a pesar de todo. Es lo menos que podemos hacer por nuestros hijos partidos.
Una vez más la pregunta. ¿Es obvia la logoterapia? Una vez más la misma respuesta. Nadie es prueba más evidente de la espiritualidad en el hombre que aquellos que, viviendo situaciones limites, no sucumben. Todo lo contrario. Desde el sufrimiento y desde la situación límite de la muerte, descubren las inagotables potencialidades de la vida y lo mucho que queda por hacer. Las personas que integran el grupo Renacer (estoy hablando en el caso concreto del grupo de Mar del Plata) y que son constantes, por lo menos durante un año, son prueba de la fuerza indómita del espíritu. ¿Qué es esa fuerza? La manifestación testimonial de la espiritualidad del hombre. Sólo por la toma de conciencia de esta espiritualidad es que se puede seguir viviendo diciéndole si a la vida a pesar de todo.
Renacer no es una técnica de control mental. Renacer no tiene nada que ver con tantas y tantas técnicas esotéricas que hoy invaden ese casi mercado persa que lo constituyen tantas técnicas simplemente para sentirse bien. Renacer es calar hondo en la esencia de la naturaleza humana, y otra no es más que su espiritualidad. La logoterapia, si se quiere, podríamos decir que es la psicología, la psicoterapia desde el espíritu. Todas las demás psicoterapias necesitan demostración de su eficiencia. La logoterapia es la única, paradójicamente que no necesita ninguna demostración de su eficacia. ¿Quién puede negar la fuerza del espíritu? Ahí están esos padres con la dimensión psicológica tremendamente mutilada. Pero están de pie. Permanecen de pie.
Sí a la vida a pesar de todo. Cualquiera sea la situación, por desgarradora que sea, quien encuentra un por qué seguir viviendo, encontrará un cómo afrontar todas las vicisitudes de la vida. Esto es Renacer gracias al encuadre de la logoterapia. Los que integramos Renacer no somos sadomasoquistas, ni ilusos ni delirantes, como podrían interpretarlo ciertas psicologías ya algo obsoletas.
La logoterapia, como encuadre, dentro del cual se desarrolla el quehacer de Renacer, trabaja a dos puntas. Por una parte, ayuda a los padre dolientes a que vean su vida como insertada en un nuevo aprendizaje de vida. Renacer es una escuela de vida. Por otra parte, ese mismo padre, sometido a tan dura prueba, se convierte en testimonio viviente, del enamorado de la vida. Renacer podría llegar a ser una de las revoluciones más importantes para nuestra sociedad tan materialista, hedonista, exitista y triunfalista.
Pero detrás de todos estos aspectos sólo existe un temor. El temor a la muerte. Todo padre que se levanta sobre su dolor y sufrimiento le está diciendo a los hombres de nuestra sociedad que la muerte no es el fin de todo. Que aun desde el sufrimiento, se puede avizorar unas dimensiones insospechadas.
¿Es la logoterapia obvia? Ciertamente que sí. Curiosamente la mayoría de los padres que integran Renacer no son ni profesionales ni universitarios. ¿La logoterapia es obvía? Ciertamente que sí. La mayoría está también constituida por el hombre común de la calle.
¿La logoterapia es obvía? Sí, porque la regla general es que la mayoría de los padres del grupo consiguen elevar el nivel de la autoestima sin necesidad de ningún profesional de la salud. La razón es simple. Cuando se cree en el espíritu y sus potencialidades, se entra en contacto con una dimensión que va más allá de los aspectos meramente psicológicos que tienen un grave inconveniente. La psiquis es sinónimo de inmanencia. Desconoce lo que significa trascendencia. Encerrado en la inmanencia, sin posibilidad de asomarse a una dimensión más profunda, como es la espiritualidad sólo se puede salir neurotizado.
¿La logoterapia es obvía? Sí. Renacer, lo hemos dicho y reiterado muchas veces, es una escuela para aprender a vivir desde otra dimensión. Esto se consigue. Quien llega a vivir la vida logoterapéuticamente, es porque ha encontrado un nuevo sentido a su vida, mediante la realización de valores. Un padre, una madre en estas condiciones es la que con mayor derecho puede decir con toda verdad y honestidad: estoy en pie, porque aprendí a decirle sí a la vida a pesar de todo.
Fundamentación logoterapéutica del sí a la vida a pesar de todo:
1) El grito de protesta: ¿por qué a mí? Pronto se convierte en un ¿por qué no a mí? Se han descubierto nuevos objetivos de vida.
2) El sufrimiento debe ser combatido para superarlo. Cuando esto no ocurre está por algo. Algo se espera de mi, convertirlo en un medio para hacer de un fracaso un éxito. La pérdida del hijo ¿qué puede aportar a mi vida? Como no me puedo liberar de este sufrimiento, ¿qué hay en la vida de mi hijo que pueda convertirse en la realización de valores de vivencia?
3) Ninguna ocasión tan adecuada para practicar valores de actitud como la que le toca vivir a un padre que ha perdido un hijo. No se puede evitar el sentido pero sí que se puede asumir una actitud de enfrentamiento ante dicha pérdida. La logoterapia llama a estos valores, los supremos valores que puede llegar a realizar el ser humano. Tienen mucho de heroísmo.
4) La vida no es ni un valle de lágrimas ni un lugar para vivir eternamente en ella. La vida es una oportunidd para cumplir con una tarea. Esta tarea es unipersonal. Nadie muere por mí, tampoco nadie vive por mí. Soy único e irrepetible.
5) El tema central y neurológico de la logoterapia es el sentido de la vida. Mi vida debe encontrar un nuevo sentido de vida por el cual debo aprender a vivir de otra manera.
6) Adopción libre de una nueva actitud ante el dolor. La pérdida es inevitable pero podemos asumir una actitud nueva ante ella.
7) Sentir la responsabilidad de mi vida, siempre fue mi tarea, pero ahora de una manera particular pues experimenta un vacío que también podría llegar a ser mortal para mi.
8) Sentido, libertad para algo y responsabilidad de algo, forman la base de la nueva conciencia de la vida.
9) La idea de Frankl de que siempre alguien nos está mirando es muy importante. Nuestros hijos nos están mirando desde algún lugar. Por ello, ¿qué actitudes podemos adoptar ante cualquier dificultad de la vida?